Cuando atravesaba el Campamento Esperanza, Eduardo Hurtado supo que no sería “una pega más”. Le correspondería dirigir el equipo de perforación que primero “rompería” en el refugio donde estaban atrapados los trabajadores de la Mina San José, a 700 metros bajo tierra. Lo más relevante: fue el primero que confirmó que los 33 seguían vivos. Hubo de todo, agotamiento, incertidumbre, solidaridad y sorpresas. Aún se emociona. Aquí, su relato.